Mente en Juego Entrevistas “Aprendí que sentir nervios no significa que no esté preparada”

“Aprendí que sentir nervios no significa que no esté preparada”


Laura M., 15 años, jugadora de voleibol

Laura tiene 15 años y juega como colocadora en el equipo juvenil de su club desde hace tres temporadas. Entrena cuatro días por semana y compite los fines de semana. Habla con naturalidad, pero también con una madurez que no siempre se ve en el deporte base.

¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que el voleibol no era solo físico?

Creo que fue el año pasado. Perdimos un partido importante y yo jugué fatal. Estaba tan nerviosa que no me salía nada. Técnicamente sabía hacerlo, lo había entrenado muchas veces, pero mi cabeza iba más rápido que mi cuerpo. Ese día entendí que no era solo cuestión de entrenar más.

¿Qué sentías en esos momentos?

Mucha presión. Sentía que si fallaba estaba perjudicando al equipo. Como soy colocadora, cada balón pasa por mí, y eso es una gran responsabilidad. Si hacía un mal pase, me quedaba pensando en eso en la siguiente jugada. Era como una cadena de errores.

¿Cómo empezaste a trabajar esa parte emocional?

Primero hablando. Con mi entrenador y también con mis padres. Me ayudó mucho que no me dijeran “no pasa nada” sin más, sino que me preguntaran qué había sentido.

Luego empecé a hacer cosas muy sencillas: respirar antes de sacar, repetirme una frase corta cuando cometía un error (“siguiente balón”), y aceptar que los nervios forman parte del juego.

¿Dirías que ahora gestionas mejor la presión?

Sí, aunque no siempre es perfecto. Sigo sintiendo nervios antes de los partidos importantes, pero ahora los entiendo diferente. Antes pensaba que si estaba nerviosa era porque no estaba preparada. Ahora sé que es porque me importa.

He aprendido que sentir emociones no es el problema. El problema es no saber qué hacer con ellas.

¿Ha cambiado tu rendimiento desde que trabajas esa parte?

Mucho. Soy más constante. Antes tenía partidos muy buenos y otros muy malos. Ahora, aunque no sea mi mejor día, consigo mantenerme en el partido.

También ha cambiado mi relación con el error. Antes me castigaba mucho mentalmente. Ahora intento analizarlo y seguir. Eso me libera.

¿Qué papel crees que tienen entrenadores y familias en esto?

Total. Cuando desde fuera solo se habla de ganar o de lo que has hecho mal, la presión aumenta. Cuando se habla de cómo te has sentido, de lo que has aprendido, todo cambia.

Yo noto mucho la diferencia cuando mi entrenador me corrige desde la calma. Me ayuda más que cuando me grita desde la frustración.

Si pudieras dar un consejo a otros jóvenes deportistas, ¿cuál sería?

Que no se guarden lo que sienten. Que hablar no te hace débil. Y que entrenar la mente es igual de importante que entrenar el saque o el remate.

Al final, el voleibol me ha enseñado que no solo estoy aprendiendo a jugar. Estoy aprendiendo a manejarme a mí misma.

DEJA TU COMENTARIO

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *